Las familias siempre quieren lo mejor para sus hijos. Padecemos y les protegemos porque no queremos que les pueda pasar nada negativo; no queremos que padezcan o se enfrenten a situaciones semejantes o iguales a las que nosotros hemos vivido… No sufrir en exceso por ellos, parece misión imposible…

Todos hemos sobreprotegido alguna vez a nuestros hijos. En cierto modo, nos sale este rol de forma natural. Pues son nuestros hijos!

Sorprendentemente, parece que cada vez hay más tendencia hacia este estilo educativo, y puede darse por diferentes razones y/o situaciones. Algunas pueden ser:

* Hay quien siente que no ha recibido el apoyo y el afecto que necesitaba por parte de sus padres. Por eso, no quieren que sus hijos pasen o se sientan como ellos se han sentido.

* También hay quien ha estado educado con ese estilo de sobreprotección, y al ser el estilo que conocen, es el que trasmiten a sus hijos.

* Padres separados: “tengo miedo que mi hijo quiera más al otro miembro de la familia”. “Tengo miedo que mi hijo deje de quererme”. “Tengo miedo que si no cedo a todas las demandas de mi hijo, no quiera estar conmigo”.

Cada vez, hay más familias que adquieren este estilo educativo; las nuevas tendencias, las nuevas formas de pensamiento social, muchas veces nos pueden impulsar a dudar y a adquirir nuevas formas de hacer. Queremos lo mejor para los niños, pero hay que saber, que los extremos no suelen ser positivos…

La mayoría de familias que utilizan este estilo educativo, lo hacen pensando que hacen lo mejor para ellos y para que sean felices. Se esfuerzan al máximo para que el niño/a no se encuentre con situaciones que le puedan resultar poco agradables.

Les preocupa tanto que su hijo/a pueda llorar y no esté bien, que en cierto modo, crean un círculo vicioso de sufrimiento que a menudo, es innecesario y un poco exagerado; llevándolo al extremo.

Sufren porque el niño/a no tenga un trauma si le quitan el chupete. Que tenga un trauma si lo hacen dormir solo en su habitación. Que tenga un trauma si le dicen que no le compran un cromo. Que tenga un trauma si le sacan el pañal y aún no está preparado. Que tenga un trauma si cae y se hace daño. Que tenga un trauma si le dicen: “No”

Los padres/madres hacen lo imposible para que los niños/as no lleguen a “sufrir”. Hacen lo imposible para que los niños no pasen por ciertas situaciones, y si las tienen que pasar, que lo hagan “cuando el niño/a esté preparado”
No resulta positivo educar desde los extremos; ni desde un estilo dictatorial (porque lo digo yo, porque soy tu padre/madre) ni des de un estilo permisivo y/o sobreprotector.

¿Y si buscamos el punto medio? ¿Porque no intentamos buscar y aprender recursos y estrategias para educar a los hijos des de la asertividad?

La sobreprotección no actúa como un potenciador y facilitador de crecimiento y desarrollo para los niños. Sino que este estilo, cuando es el que predomina, actúa como limitador de autonomía, de poca tolerancia a la frustración y poca autoestima. Potencia la inseguridad y la irresponsabilidad.

Los niños/as son capaces de hacer muchas más cosas de las que pensamos, pero para que sea así, les tenemos que dar la oportunidad de equivocarse, rectificar y/o volverlo a intentar.

Les tenemos que dar estrategias para que puedan aprender a enfrentarse a nuevos retos, a no rendirse, a encontrar soluciones y/u opciones ante las adversidades con las que se puedan encontrar. Les tenemos que enseñar a tomar decisiones y a asumir las consecuencias.

Si les resolvemos siempre las cosas, ellos sienten inseguridad, incapacidad y dependencia. En definitiva, siempre estarán esperando a que alguien les diga cómo deben de hacer las cosas… y eso, perjudica su autoestima.

Les tenemos que dar el grado de libertad y responsabilidad propio para su edad, así fomentaremos su grado de madurez, su autonomía, la seguridad y confianza en ellos mismos.

Exigirles ciertas tareas, obligaciones y responsabilidades les ayuda a crecer. Es más, lo necesitan para poder encontrar su propio criterio, personalidad y capacidad de decisión. Pedirles que cumplan ciertas cosas que les toca por edad o saber decirles un: “no” cuando toca, no es sinónimo de falta de amor ni de afecto, sino todo lo contrario.