Juan es mi pareja desde hace cuatro años. Durante este tiempo hemos viajado, hemos salido con los amigos y hemos disfrutado de las mejores fiestas. Nos hemos reído, hemos tenido momentos únicos y nuestros mejores momentos en pareja. Juan me hacía reír, soñar, me escuchaba y me entendía. Me acompañaba a emprender mis objetivos. Siempre estaba a mi lado en todo. Con Juan, era yo misma! Una mujer plena y feliz. Nos queríamos, vivíamos juntos y nos las arreglábamos muy bien.

Llegó el momento en el que decidimos emprender nuestro proyecto común. Por eso decidimos tener un hijo: David

David tiene 3 meses. Siempre había oído que tener un hijo era fantástico y maravilloso. Del grupo de amigas, soy la primera que he tenido un niño. Me apoyo en mi madre; pero lo que me dice, no me convence…lo encuentro anticuado. Han pasado tres meses y estoy hinchada, no tengo ropa que me vaya bien. Me miro al espejo y no me gusto. Mi madre y Juan me dicen que estoy preciosa; claro, que van a decirme ellos… No descanso ni duermo; pues continuamente está llorando… Juan no hace nada!

Tengo que incorporarme de nuevo al trabajo, pronto termina mi baja por maternidad; mi vecina me dice que no lo lleve a la guardería porque se ponen muy enfermos. Es muy pequeño aún, le doy el pecho y siento que no soy una buena madre teniendo que tomar ciertas decisiones. Me siento culpable de reincorporarme al trabajo, de retirarle el pecho y de dejarlo en manos de desconocidos (la guardería). Tengo miedo que pueda pasarle alguna cosa. Le digo a Juan de ir a mirar guarderías, pero él trabaja y no tiene tiempo. Voy yo sola y ningún sitio me convence…no sé qué hacer… aparte, es mucho dinero. Pienso que lo podría dejar con los abuelos, pero son mayores y tengo miedo que se les caiga, que no sepan darle la leche materna en biberón o que se lo lleven al parque y les pase cualquier cosa. Estoy ansiosa, triste y me siento la peor madre del mundo…Cuando le explico todo esto a Juan, me dice: “decidas lo que decidas estará bien“. Él no decide nada, no me ayuda en nada y me pone muy nerviosa. No sabe qué hacer y me indigno, me enfado y no puedo más! ¿Por qué no se implica? ¿Por qué no me ayuda a pensar opciones?

Me siento desbordada, nerviosa e inquieta. Leo y leo y pregunto y solo veo ideales que no se corresponden en nada con mi vida.

Mi madre me dice que no pasa nada si no le doy el biberón. El pediatra me dice que la leche materna no le saque. Todo lo que leo y me dicen me hace sentir mal…

Con Juan, solo discutimos; el fin de semana quiere que vengan sus padres o los amigos a vernos. Y yo solo quiero descansar y estar tranquila. No me gusta que mi hijo pase de brazos en brazos como si fuera un balón. No tengo tiempo para mí y encima si viene gente a casa, tengo que estar con ellos y hablar una y otra vez de lo mismo. No tengo ganas de cocinar y todo se me hace una montaña. No quiero escuchar las historias de otras personas. Tampoco quiero que opinen sobre mis preocupaciones y/o situaciones. Ya tengo suficiente! Estoy cansada, irritable y Juan no entiende nada de lo que le digo. No se implica en nada. Siempre llegamos tarde a todos los sitios y me culpa a mí; pero soy yo la única que piensa en las cosas; Si fuera por él, ni pañales, ni cochecito ni comida para el niño cogeríamos. Tampoco tenemos relaciones sexuales…

Nunca habría imaginado que la relación con Juan pudiera deteriorarse tanto, en tan poco tiempo y mucho menos, en este preciso momento de mi vida, en el que miro a David y sé que tengo en mis brazos lo más bonito de este mundo. Es precioso y le quiero con locura!