Soy Juan, la pareja de Berta y el padre de David. David tiene 3 meses. Por las noches no podemos descansar mucho, se despierta entre cuatro y cinco veces llorando porque tiene hambre. Cuando llora, le acerco la cuna a Berta. Ella se enfada, bien porque he encendido la luz, bien porque no voy a buscarle un biberón y se lo doy yo (ella siempre dice a todo el mundo que prefiere darle el pecho, que los biberones son para casos excepcionales). Muchas veces está preocupada por si David: tiene el culito irritado, si podría tener fiebre, si llora más de lo normal, y un largo etcétera. Me pregunta qué hacemos e intento tranquilizarla para que no se ponga más nerviosa. Le digo que todos los niños tienen el culito irritado, le ponemos un poco de crema y seguro que en seguida estará curado. Yo no veo que llore más de lo normal, quizás lo hace porque sabe que Berta irá volando,… cuando intento relativizar las situaciones, siento que no cuenta con mi opinión. Siempre acaba diciendo: “lo llevaré al pediatra a ver qué me dice”

Por la mañana voy a trabajar muy cansado y cuando vuelvo a casa por la tarde y lo baño; tengo miedo que se me resbale; cae agua por todas partes, pero consigo controlar la situación. Después, limpio el baño, friego, recojo los juguetes esparcidos por toda la casa y preparo la cena.

Cuando vamos a la cama, Berta cae rendida y se duerme en cuestión de segundos. Está muy cansada y casi no tenemos tiempo para nosotros. Y es que mientras David duerme, tanto Berta cómo yo tenemos un montón de cosas que hacer: poner lavadoras, extender la ropa, preparar comidas, se tiene que sacar la leche materna, tenemos que recoger, limpiar, ordenar, etcétera. Y cuando está todo listo, David se vuelve a despertar llorando. No tenemos ni cinco minutos para nosotros. Siento a Berta lejos de mí, nunca habíamos tenido tantas discusiones, y si las teníamos, hablábamos y lo resolvíamos. Ahora, nos enfadamos un poco y no encontramos tiempo para hablar…parece que esta situación va cada vez a más y no sé muy bien como reconducirla.

Se enfada y se queja por cosas que no acabo de entender muy bien. Cómo por ejemplo, que vengan amigos o familia a vernos el fin de semana. David acapara toda la atención de Berta y lo entiendo (le tiene que dar el pecho y para dormir le gusta sentir los latidos del corazón de su madre), yo les miro y me encanta verles, pero mi papel es a menudo de observador. Muchas veces Berta prefiere hacer las cosas ella porque dice que ya lo tiene por la mano. No acabo de encontrar mi lugar… Siento que no puedo hacer mucho de padre en estos momentos… Le propongo a Berta que vengan los amigos o la familia a vernos. Si viene gente, pienso que le irá bien para desconectar un poco, pero cuando se lo propongo se molesta.

El fin de semana salimos a algún lugar, visto a David mientras Berta se ducha y cuando sale, siempre me dice que la ropa que le he puesto no es la adecuada (demasiado arreglado, poco arreglado, los zapatos no combinan o me he dejado de ponerle colonia), me siento un poco mal, pero le dejo hacer a ella y mientras, preparo las cosas que nos tenemos que llevar: el cochecito, pañales, toallitas húmedas, algunos juguetes...- “Siempre te dejas cosas “me dice Berta: las mudas por si regurgita o se ensucia, el chupete, la mantita. Salimos de casa como si marcháramos durante tres días, “por si acaso hay algún imprevisto”…Vamos cargados con muchos utensilios que nos tenían que hacer más fácil el día a día, pero sólo los brazos y el pecho de Berta parece que nos resuelvan algo.

Tengo a David en mi vida y me siento muy orgulloso, le quiero con locura. Aun así, veo que tenía una relación increíble con Berta y ahora de alguna manera se ha diluido a la fuerza. A veces pienso: “Dónde están Berta y Juan?” Pienso que tengo que encontrar mi lugar dentro de la familia y tengo que moverme para ser el padre y el hombre que quiero ser. Me da miedo equivocarme y/o no saber hacer. Tengo una personita muy pequeña en mis brazos y no sé muy bien qué hacer con ella…