La llegada del primer hijo supone una etapa llena de cambios en nosotros y entre los miembros de la pareja. Pasamos de ser hijos a ser padre/madre y pasamos de ser pareja a ser una familia. Durante esta etapa, se dan situaciones ante las que, hasta ahora, nunca nos habíamos encontrado. Por ello, todos estos cambios, requieren de un tiempo de adaptación.

Hay quien piensa que con la llegada del primer hijo/a, la relación de pareja mejorará y/o puede ayudar a fortalecer vínculos. Pero no suele ser así. Junto con la gran alegría e ilusión que sentimos por la llegada del pequeño en casa, también nos encontramos con un aumento de tareas acompañadas de poco tiempo para hacerlas, gastos, muchas dudas, inquietudes y un conjunto de decisiones que tenemos que ir tomando.

El nacimiento de un hijo, empieza ya en el momento en que se toma la decisión de tenerlo, seguido del embarazo y con la llegada del niño/a. Sin embargo, para el otro miembro de la pareja, la llegada del primer hijo, empieza en el momento del nacimiento. Cuando tiene por primera vez el niño/a en brazos. Esto pasa porque la experiencia de uno y otro son muy diferentes. Uno lo vive en primera persona y el otro acompaña en el proceso. Es por esta razón que muchas veces, durante los primeros meses de tener un niño/a, hay entre los miembros de la pareja muchos roces. Es importante pues, poder ir adaptándose a todos estos cambios y poder encontrar el nuevo rol dentro de la familia.

Las madres que llevan a su vientre el niño/a, fisiológicamente están más conectadas con el niño/a, pues lo han llevado dentro, saben que les gusta y les tranquiliza sentir el latido de su corazón, le dan el pecho, etc. El otro miembro de la pareja no esta tan conectado o vinculado con el hijo/a a nivel fisiológico. Es importante que las madres dejen espacio y dejen actuar y ejercer el rol que les pertenece, al otro miembro de la pareja.

Nadie sabe ser padre/madre por primera vez, nos vamos adaptando y vamos aprendiendo. Es importante que aunque nosotras llevemos cierta ventaja, dejemos el espacio que necesita el otro para adaptarse y realizarse como tal.

Es un momento delicado y a la vez un proceso en el que pasan muchas cosas en poco tiempo. Hay que ir gestionando las diferentes situaciones de la mejor manera que se pueda y sobretodo preguntar y hablar para entender cómo se siente el otro. E intentar tomar las decisiones de forma conjunta.

La psicología ofrece nuevas formas de ver, entender y relacionarse con el mundo. Gran parte del bienestar en la vida, depende de la calidad de las relaciones que construimos.

Mireia, psicóloga de: www.crecimientofamiliar.com