Después de terminar el curso sufriendo por las notas, los padres de Martina acuden a consulta angustiados por la actitud de la niña hacia la escuela.

Los padres explican que no se apunta las tareas en la agenda, que no recuerda si el examen es del tema 7 o del 8 porque se ha dejado el material en la escuela, que a menudo le recuerdan que debe hacer los deberes porque ella no pone de su parte para mejorar los resultados, de hecho parece que le sea igual.

¿Qué edad creéis que tiene Martina? Por breve descripción del caso os imaginaréis una adolescente pendiente de las amigas y el móvil, ¿verdad?

Pues Martina tiene 7 años.
Es cierto que muchas veces, debido a las circunstancias cotidianas, tenemos cierta tendencia a funcionar gran parte del día con el piloto automático encendido y vamos cumpliendo con las diferentes obligaciones y rutinas pertinentes. Por ello, tal vez vale la pena poder prestar atención por unos momentos en el cómo vivimos nuestro día a día.

Hoy y todos los días, queremos recordar la importancia del juego. Hasta los 7 años, la actividad principal de todo niño o niña debería ser jugar, nada más que jugar!

Sabemos que el juego, además de aportar momentos de diversión y distracción, permite el desarrollo global del niño.
El juego muchas veces se asocia con el juguete, compramos y compramos juguetes porque vemos que los niños no les hacen mucho caso y pensamos que han “pasado de moda”. Y no es que hayan pasado de moda, sino que los juguetes, muchas veces se utilizan como complemento del juego, pero pocas veces como el juego en sí.

El juego aporta diversión, con el juego los niños reciben estimulación, descubren sus posibilidades y eso los lleva a nuevos aprendizajes. Aprenden que con su movimiento y acción (desarrollo motor) pueden conseguir objetivos. Además, el juego permite conectar con los sentimientos y emociones y eso los lleva a aprender nuevas formas de comunicarse y relacionarse con los demás (socialización). Por todo ello decimos que el juego ayuda y fomenta el desarrollo global del niño.

Además, a través del juego hacemos movimientos que nos ayudan por el reto del aprendizaje de la lectoescritura. Por ejemplo, cuando los niños gatean, suben y bajan escaleras, jugamos al tres en raya o cuando construimos un rompecabezas, estamos favoreciendo los movimientos de manos, dedos y de todo el cuerpo. Estos movimientos les permitirán adquirir una base de motricidad, lo que puede evitar la aparición de dificultades como la dislexia. Como también el hecho de jugar a juegos que impliquen atención, puede evitar problemas como el famoso TDAH. Sí, la atención se debe entrenar. Y es que mientras juegan, su cerebro va desarrollando una actividad neuronal y las conexiones sinápticas pertinentes favoreciendo el conjunto de sus habilidades.
Vuestros hijos deben jugar también en casa, necesitan poner en práctica todo lo aprendido en la escuela, deben hacer suyos aquellos conocimientos que han descubierto durante el día y han vivido junto a profesores y compañeros, además de la necesidad de exteriorizar sentimientos y emociones tanto de alegría como de frustración.
Pues el juego aporta el desarrollo de diversas habilidades. En primer lugar, la física, porque sin darse cuenta están ejercitando la coordinación, motricidad fina y gruesa y por agotan energías para descansar mejor por la noche.
Por otro lado, se activa el funcionamiento de otras capacidades como las cognitivas y emotivas, a la hora de distinguir colores, texturas y formas, y hace que estimulen su creatividad.

Además van a experimentar emociones como la sorpresa, con las que podrán solucionar conflictos, crearán hábitos de cooperación y conocer el valor de la empatía.
Debemos dejar tiempo a los niños, a que sean niños y jueguen, tenemos que bajar a su nivel para que vayan alcanzando diferentes objetivos a un ritmo adecuado y sin  exigencias.

Como si se tratara de un libro; no podemos pasar al capítulo 3 si aún no hemos terminado el 2. Proponemos que este verano, en vez de “exigirles” que hagan los típicos cuadernos de actividades, os exijais a vosotros también, aprender a jugar con ellos. Jugar con ellos, no significa dejarlos jugar libremente, sino implicaros con lo que estais haciendo y entrar en el juego. Esto significa jugar. Por ejemplo, si a vuestro  hijo/a le gusta mucho jugar a cocinitas: proponedles de escribir una carta de menú a los niños (motricidad fina y escritura), puede trabajar con el mismo juego, las matemáticas; valor del dinero (poner precio al menú), el cambio (sumas, restas), la atención y el tiempo (tiempo de cocción de los platos, etc).

Haced la prueba y diseñad un “cuaderno” de actividades lúdicas que permitan a vuestros hijos aprender jugando y que a vosotros os sirva para deshaceros del miedo a que durante las vacaciones olviden todo lo que han aprendido durante el curso.
Si os resulta más fácil, repasad los contenidos trabajados en la escuela y a partir de ahí  diseñad las actividades de juego para repasar los contenidos.